Hace casi un año que decidí transformar mi negocio offline en online. Lo tenía claro, sabía lo que quería, me movía como pez en el agua en él. Jamás dude, sobre si lo que hacía me apasionaba a no, porque nunca fue un “trabajo para mí”, al menos así lo sentía. Era innato, pasaba horas leyendo, formándome y creando nuevas herramientas sobre planificación, organización, desarrollo personal y holísticas.

Empecé este nuevo camino, por dos grandes motivos. El primero vino de la mano de una depresión post parto, por ideas preconcebidas que duró 19 meses, tras el nacimiento de mi primera hija y el segundo de la incompatibilidad de horarios laborales y falta de apoyos para nosotros como padres, con todo lo que supone la crianza y educación de nuestros dos hijos.

Es posible que entiendas mi cambio laboral relacionado con el segundo motivo, pero no tanto cuando vuelves a leer el primero. Te diré por qué…

Cuando está gestando a un bebé, haces planes, tu cabeza se llena de nuevas ideas, nuevas formas de hacer las cosas, todas muy preconcebidas y casi como una copia de aquello que te gusta de otros. Así es el ser humano, copiamos para crear lo nuestro, pero nunca termina siendo tan nuestro.

Nace tu pequeña, de repente tras horas o minutos de parto, en mi caso se dieron ambos, has dejado de ser esa mujer “libre” gestante para convertirte en madre y una mujer totalmente nueva. Se cierra una etapa de tu vida para empezar la más imprevista historia diaria.

Dejas de ser dueña de tus horas de sueño, de tus horarios de comida, de tu alimentación (aquí las hormonas tiene el “satén por el mango”), de tu descanso, ocio y vida misma, porque la pequeña a la que amas con locura lo ha puesto todo patas arribas.

Y un día te miras al espejo, el mismo que hace meses atrás, y te das cuenta que tus ojos, tu mirada, tu sonrisa, tu cuerpo en sí, tu manera de vestir, de sentir la sensualidad y sexualidad, prioridades, ambiciones e incluso tú estilo de vida han cambiado. Ya no son lo mismo, ¡Tú, ya no eres la misma!

Sin embargo tú ritmo pasado, tus responsabilidades anteriores, tu entorno y tú misma. Te obligan a seguir el mismo patrón que tenías antes de nacer tu bebé. Aun sabiendo y sintiendo que algo dentro de ti, algo que viene desde lo más profundo de tus entrañas, ha cambiado.

Esto se hace cada vez más fuerte y derrite una a una, como copos de nieve bajo el Sol, todos aquellos planes gestados durante 41 semanas. Al menos en mi caso.

Y te preguntas ¿y ahora qué? Cómo resuelvo esto, cómo explico a los demás que nada de lo que antes tenía es lo que quiero. Que me reinvento, quiero crear un nuevo estilo de vida acorde a las etapas de mis hijos, de mis necesidades como madre, mi independencia como mujer, mi realización como persona y como esposa.

Comunicarlo es fácil, lo difícil es que los otros entiendan, compartan y apoyen lo que comunicas. Porque en esta vida del siglo XXI en la que estamos sumergidas, solo dos estilos de vida son bien vistos y aceptados: mujer y madre trabajadora dentro y fuera de casa o mujer y madre ama de casa.

 

El resto es solo cuento, otras opciones con las que te sientas más libre, realizada e idóneas para conciliar con todo lo que te importa, son modernidades que nada tienen que ver con el mundo real, ni de lo que se pueda vivir.

¡Todo esto, no es fácil de digerir! Y el bucle emocional en donde un cóctel formado por contradicciones entre lo que pensabas seguir haciendo, lo que lo demás te dicen que tienes que hacer y lo que tú realmente sientes y quieres, estalla ante ti, ante tu maternidad y ante tu propio día a día.

¿Ahora entiendes a qué me refería allí arriba?¿En qué desencadeno mi primer motivo?

Pasan las semanas y tus nuevos conceptos de vida, recobran más fuerza, ilusión, pasión y desempeño. Y decides, por cabezonería, por valentía propia y porque has descubierto que por mucho que te esfuerces en hacer lo contrario esa mujer que vistes en el espejo aquel día, seguirá a tu lado lo quieras o no porque es tú, es tú ¡nuevo yo!

Te pones el mundo por montera, y con el libro de la libertad e independencia en la mano, decides que de ahora en adelante todo lo que emprendas dará rienda suelta a tu nuevo proyecto de vida y a la necesidad de sentirte plena en cada uno de tus objetivos, logros y fracasos. Vida en familia, pareja y propia.

Y resulta que después de haber superado esto, ponerte manos a la obra. De trabajar duro cada día buscando, probando, organizando y planificando la fórmula ideal para ti y tu familia, en donde todo encaja y todo tiene su orden, tiempo y espacio.

Lanzas tu gran proyecto, que funciona desde un principio a las mil maravillas, pero en el que sin darte cuenta terminas haciendo e incluyendo aquello que según otros debes hacer, porque si no jamás lo tuyo funcionaría.

Entonces….me quedo pensativa, miro hacia atrás y tras estos 9 meses de mi nueva vida empresarial, me doy cuenta de que pierdo la emoción por días, de que mi motivación, pasión y misión con el que nació mi proyecto se ha visto envuelto en lo que te dicen los demás que debes hacer para que MI NEGOCIO, algo que salió de mis entrañas como lo han hecho mis hijos, solo funciona si sigo el mismo camino que ellos.

Y digo, NO. Eso no es verdad, mi proyecto nació con un fin: continuar con mi independencia económica, solventar gastos en pareja en casa, libertad para trabajar de donde quiero y en el horario que quiero totalmente adaptable a los imprevistos personales y familiares.

Un proyecto enriquecedor, donde mi principal formación, no es solo ayudarte a ti que eres mujer y madre a poner orden en tu vida, deseos y proyectos. Sino crear herramientas únicas, flexibles y personalizables en donde esa nueva mujer tenga tal protagonismo, que al volver te a mirar al espejo, ver el reflejo de tus ojos. Seas capaz de decir a ti misma. Tú eres yo” “me gusta lo que veo” “ Y me muero por crecer contigo” encajando cada pieza del puzzle de mi vida a mi manera, con mi estilo y propia esencia.

Si has llegado hasta aquí, si has leído…creo que es más un relato, mi propio relato, que un post. Me gustaría que hoy cerrarlas los ojos, pensarás en que es lo que realmente deseas: tus objetivos, tu proyecto de vida, la misión de tu idea, aquella que quieras emprender o que incluso ya lo estás haciendo. Lo escribas y lo persigas. Tal y como solo tú sabes y quieres hacerlo.

Si te equivocas no pasa nada,

te levantas y sigues así son los aprendizajes, así son las lesiones de vida.

Como siempre digo en cada sesión dónde acompaño a mujeres desde hace tiempo…No te ayudo a crear un negocio, te ayudo a crear la vida que deseas, en donde tú eres la protagonista y yo solo la mano ejecutora que crea las herramientas que necesitas para poner en orden, organizar y planificar cada una de las piezas del puzzle que componen tu vida, pudiendo así, alcanzar tu objetivo sea el que sea.

No te quedes en el camino, te ánimo a que te vuelvas a mirar al espejo de forma sincera recuperando tu verdadero yo, te cuento que la realidad, ¡tú propia realidad! Es solo cómo tú quieres que sea. Esa es tu propia historia y solo tú puedes escribirla.

Puedo ayudarte en ese camino, estuve ahí, entiendo cómo te sientes

y comparto al 100% tu necesidad de reconocer te en esa nueva mujer y lo que necesitas.

No le des más vueltas, no lo pienses más….

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